lunes, 19 de enero de 2026

La frontera clausurada (Sur del Ecuador): cuando la seguridad nacional cancela el territorio vivido

INTRODUCCIÓN La región sur del Ecuador, particularmente las provincias de Loja y Zamora Chinchipe, atraviesa un momento crítico que pone en evidencia las fragilidades históricas del modelo de desarrollo territorial del país. El cierre del tránsito fronterizo hacia el norte del Perú, decretado por el Ejecutivo bajo argumentos de seguridad nacional, ha reactivado una discusión largamente postergada: la frontera no es una periferia prescindible, sino un espacio estratégico cuya desatención sistemática genera efectos acumulativos en lo económico, social, cultural y, de manera creciente, en la seguridad. Desde una lectura centralista, el impacto económico del cierre se relativiza al compararlo con el volumen comercial de pasos fronterizos como Rumichaca. Sin embargo, esta comparación es metodológicamente incorrecta y políticamente riesgosa. La economía fronteriza del sur no es marginal por naturaleza, sino incipiente por diseño institucional y abandono histórico. La reiteración del término incipiente no es retórica: expresa una condición estructural que impide que el territorio despliegue sus potencialidades productivas, turísticas, culturales y de servicios profesionales. I. LA FRONTERA VIVA: TERRITORIO, ECONOMÍA Y DIGNIDAD La frontera sur es una frontera viva. En ella se desarrollan intercambios cotidianos de pequeña escala, redes familiares transnacionales, flujos culturales, comercio local, servicios profesionales y un turismo aún embrionario. Estas dinámicas no pueden evaluarse únicamente con indicadores macroeconómicos, pues su valor radica en la sostenibilidad social y en la cohesión territorial. El cierre prolongado del tránsito ha impactado directamente en este tejido frágil: emprendimientos turísticos que apenas se consolidaban han visto interrumpida su demanda; pequeños comerciantes han perdido su mercado natural; profesionales que ofrecían servicios binacionales han quedado sin posibilidad de ejercer. La seguridad nacional, cuando se aplica sin enfoque territorial, termina produciendo inseguridad social. II. LA LEY DE DESARROLLO FRONTERIZO: UNA OPORTUNIDAD MAL IMPLEMENTADA El Ecuador cuenta con un marco normativo que reconoce explícitamente la deuda histórica con los territorios de frontera. La Ley de Desarrollo Fronterizo establece incentivos productivos, financieros y presupuestarios diferenciados, orientados a corregir desigualdades estructurales. Entre sus principios rectores se encuentran el acceso a créditos preferenciales, la remisión de intereses, el fortalecimiento de infraestructura, la protección ambiental y la promoción del talento humano. Asimismo, la ley consagra una ponderación presupuestaria superior para la población fronteriza, reconociendo que la igualdad formal reproduce desigualdad real cuando no se consideran las condiciones geográficas y estructurales. No obstante, la distancia entre la letra de la ley y su aplicación efectiva ha sido profunda. La causa principal no radica en la ausencia de recursos normativos, sino en la debilidad del modelo de gobernanza territorial previsto para su ejecución. III. EL NUDO CRÍTICO: GOBERNANZA MULTINIVEL Y PLANIFICACIÓN CENTRALIZADA El principal escollo identificado en la implementación del régimen fronterizo ha sido la imposibilidad práctica de consolidar consejos multinivel territoriales operativos, es el caso del COMITÉ INTERSECTORIAL NACIONAL DE DESARROLLO FRONTERAS . Estos espacios, concebidos para articular al gobierno nacional, los gobiernos autónomos descentralizados, la sociedad civil, la academia y el sector productivo, no han logrado cumplir su rol estratégico. La rectoría ejercida por la entonces “Planifica Ecuador” (antigua SENPLADES) y hoy Secretaría Nacional de Planificación ha mantenido una lógica predominantemente centralista, no solamente por la imposibilidad hasta la actualidad de su conformación, sino también por pensar que los territorios participan como receptores de decisiones, no como coproductores de política pública. En la frontera, esta lógica resulta particularmente disfuncional. Sin instancias territoriales con capacidad real de decisión, seguimiento y evaluación, los incentivos previstos se fragmentan en programas sectoriales inconexos, sin acumulación de impacto ni apropiación local. IV. SEGURIDAD, VIOLENCIA Y ECONOMÍAS ILEGALES La región sur no es ajena al deterioro progresivo de las condiciones de seguridad que afecta al país. La minería ilegal, el tránsito de armas, el contrabando y otras economías ilícitas encuentran terreno fértil allí donde el Estado no logra articular desarrollo, control y oportunidades. La frontera abandonada se convierte en frontera capturada. Cuando las alternativas productivas legales son escasas, la población queda expuesta a redes ilegales que ofrecen ingresos inmediatos, aunque destructivos. La seguridad no puede reducirse a control militar o policial; debe entenderse como resultado de una presencia integral del Estado. La normativa fronteriza reconoce la necesidad de fortalecer las instituciones de seguridad pública. Sin embargo, sin coordinación territorial y sin planificación integrada, estas acciones se vuelven reactivas y de corto plazo. V. DESARROLLO PRODUCTIVO, TALENTO HUMANO Y COHESIÓN SOCIAL El desarrollo fronterizo debe sustentarse en la activación de economías locales: agricultura, agroindustria, turismo rural, servicios ambientales, comercio y economía del conocimiento adaptada al territorio. La formación de talento humano debe responder a estas vocaciones, evitando la expulsión sistemática de jóvenes. La ley contempla incentivos educativos y laborales diferenciados para habitantes fronterizos. No obstante, su aplicación parcial ha limitado su capacidad transformadora. Sin gobernanza territorial, estas medidas no logran articularse en una estrategia de arraigo poblacional. VI. AMBIENTE, TERRITORIO Y DERECHOS DE LA NATURALEZA La frontera sur alberga ecosistemas estratégicos y áreas de alta biodiversidad. La protección ambiental no puede plantearse como restricción abstracta, sino como oportunidad de desarrollo sostenible. La falta de alternativas económicas ha llevado a que actividades ilegales degraden territorios que deberían ser base de un nuevo modelo productivo. Los gobiernos locales deben tener mayor capacidad de control ambiental y de gestión territorial, articulados a una planificación nacional que reconozca las especificidades fronterizas. RECAPITULANDO: La frontera sur del Ecuador no puede seguir siendo tratada como una línea de contención ni como un costo aceptable del centralismo. Es un territorio estratégico cuya estabilidad define la seguridad, la cohesión y el desarrollo nacional. Resolver el problema de la gobernanza multinivel no es un ajuste técnico: es una decisión política estructural. Sin frontera viva no hay Estado fuerte. Sin desarrollo territorial no hay seguridad sostenible. Sin gobernanza real, la ley seguirá siendo una promesa incumplida. QUÉ DEBEN HACER NUESTRAS AUTORIDADES NACIONALES? Reformar el reglamento de la Ley de Desarrollo Fronterizo para garantizar la operatividad real de los consejos multinivel territoriales. Dotar a estos consejos de carácter vinculante y presupuesto propio. Descentralizar la planificación fronteriza, permitiendo agendas territoriales diferenciadas. Integrar seguridad, desarrollo productivo y cohesión social en una sola estrategia territorial. Fortalecer el rol de la Secretaría Nacional de Planificación como articulador de procesos territoriales, no solo normativos. Establecer mecanismos de seguimiento y evaluación con participación local.

jueves, 17 de octubre de 2024

LA RESPUESTA A LA CRISIS ENERGÉTICA… ES LA “ECONOMIA CIRCULAR” (Caso Ecuador)

La crisis energética que enfrenta Ecuador no es solo un desafío técnico, sino un llamado a repensar el modelo de desarrollo y gestión de recursos que hemos adoptado. Los apagones recientes y la escasez de suministro eléctrico no son únicamente problemas de infraestructura; son síntomas de un sistema que necesita urgentemente evolucionar hacia un enfoque más sostenible. En este contexto, )
la economía circular es una solución viable y necesaria para enfrentar y superar la crisis energética de manera integral. La planificación energética no puede abordarse de forma aislada; es un componente esencial en un sistema dependiente que abarca la gestión de residuos, la eficiencia en el uso de recursos y la integración de tecnologías limpias. La economía circular propone precisamente este enfoque integral, cerrando ciclos y reutilizando materiales y energía para maximizar la eficiencia y reducir el impacto ambiental. En lugar de un modelo lineal, donde los recursos se extraen, se usan y luego se desechan, se debe regenerar y aprovechar cada elemento del sistema. Para enfrentar la crisis energética, Ecuador debe adoptar esta visión holística. No se trata solo de recurrir a la generación térmico, arrendar barcazas o importar energía; es necesario transformar la manera en que producimos, consumimos y gestionamos la energía en todos los niveles. Los gobiernos autónomos descentralizados (GAD), como municipios y prefecturas, podrían irrumpir con decisión en este entorno. Su autonomía permite implementar soluciones locales, como transformar centros de tratamiento de residuos sólidos en ejes de la economía circular. La biomasa y la generación de energía a partir de residuos orgánicos son ejemplos claros de cómo podemos convertir lo que antes era basura en un recurso valioso. La biomasa es una alternativa significativa, especialmente en un país agrícola como Ecuador. Los desechos agrícolas, que muchas veces se eliminan mediante quemas que contaminan y aumentan el riesgo de incendios forestales, pueden usarse para generar biogás o energía térmica. De esta forma, no solo se reduce la cantidad de desechos y se mitigan los incendios, sino que se produce energía renovable para alimentar comunidades y sectores productivos locales. Implementar tecnologías para generar energía a partir de desechos transforma las ciudades y comunidades rurales en sistemas autosuficientes, donde los residuos se convierten en insumos y fuentes de energía, beneficiando a las economías locales. No basta con generar nuevas fuentes de energía; también es crucial mejorar la eficiencia en su uso. La gestión energética debe ser un esfuerzo colectivo, liderado por los municipios y prefecturas, que promuevan iniciativas inmediata como el cambio a luminarias LED en espacios públicos y el fomento de hábitos responsables de consumo. La eficiencia energética no es solo ahorro económico, sino una forma de respetar los recursos. Involucrar a la comunidad en estos esfuerzos permitirá no solo reducir el consumo, sino también fomentar una cultura de sostenibilidad en todos los niveles de la sociedad. La economía circular debe integrarse también en la construcción de viviendas y espacios urbanos. La arquitectura tradicional ecuatoriana, especialmente en la región andina, nos ofrece lecciones valiosas sobre eficiencia energética y adaptación climática. El uso de materiales locales y la construcción con técnicas como la tierra cruda y bloques termoacústicos permiten la regulación natural de la temperatura, reduciendo la necesidad de sistemas de calefacción o aire acondicionado que consumen mucha energía. La arquitectura tradicional, con pérgolas y espacios sombreados, demuestra cómo el diseño puede integrarse con el entorno para crear espacios eficientes y habitables. Recuperar y adaptar estas prácticas no solo revitaliza la identidad cultural, sino que ofrece soluciones prácticas para evidenciar el ahorro energético. La provincia de Loja tiene en la actualidad un gran potencial en energías renovables, especialmente en sistemas eólicos y fotovoltaicos. La historia de Loja, que incluye la segunda planta hidroeléctrica de Latinoamérica y la primera calle iluminada con luz eléctrica, muestra que la innovación ha sido parte de su identidad. Este espíritu debe ser reactivado para implementar sistemas renovables que no solo cubran las necesidades locales, sino que conviertan a la región en un referente nacional. Es crucial que las soluciones de energía renovable se complementen con bancos de baterías para almacenar la energía generada, asegurando una distribución continua y eficiente, incluso en momentos de escasez. La autonomía energética de Loja y otras provincias no solo alivia la carga sobre el sistema nacional, sino que también genera empleos y fomenta una economía local sostenible. La crisis energética de Ecuador es una oportunidad para rediseñar nuestro enfoque y avanzar hacia un modelo de economía circular que integre eficiencia energética, aprovechamiento de recursos locales e innovación tecnológica. No se trata solo de producir más energía, sino de hacerlo respetando el entorno natural y potenciando las economías locales. La planificación energética debe verse como un componente de un sistema más amplio, donde la sostenibilidad, la comunidad y la cultura local se integran para construir un Ecuador resiliente y autosuficiente.

martes, 26 de marzo de 2024

La gestión pública eficaz remedio para espabilar gobernantes

En el vasto escenario de la gobernanza territorial, la administración pública se erige como un faro que guía las decisiones hacia horizontes de eficiencia y equidad. Este concepto, aparentemente prosaico, encierra en su seno la clave para desentrañar los retos contemporáneos que enfrentan los Gobiernos autónomos descentralizados (GADs). ¿Cómo lograrlo? La respuesta yace en la confluencia de la planificación estratégica, la planificación física y la participación ciudadana, cimientos sobre los cuales se erige el edificio de un desarrollo sostenible y equitativo. La administración pública, entendida como la implementación de una caja de herramientas para la toma de decisiones, adquiere un matiz vital en la gestión de los territorios. Se constituye como el conductor que, armado con conocimientos técnicos y visiones estratégicas, despeja el camino hacia la eficiencia y la coherencia en las políticas públicas. Es en esta amalgama de planificación y ejecución donde radica la esencia misma de una gobernanza efectiva. Al adentrarnos en el meollo de la gestión pública, nos topamos con la importancia de la planificación como hoja de ruta que orienta los pasos de las instituciones. En este sentido, el territorio emerge como un ente vivo, con sistemas análogos a los del cuerpo humano. Así como cuidamos de nuestro organismo para garantizar su funcionamiento óptimo, debemos velar por la salud y el equilibrio de nuestros espacios geográficos. La planificación física se convierte, entonces, en la herramienta que nos permite armonizar el crecimiento urbano con la preservación de las áreas rurales, en un acto de equilibrio que trasciende las meras consideraciones estadísticas. Entenderemos entonces que debemos revertir el crecimiento desmesurado de las urbes y ciudades importantes en el Ecuador en desmedro del vaciamiento de las áreas rurales que inclusive han decrecido en su demografía según los resultados del último censo de población y vivienda que determinarán nuevos factores de ponderación en la asignación de recursos que irónicamente debilitan a nuestros pueblos fronterizos. Sin embargo, la mera existencia de un plan estratégico no es suficiente si no va acompañado de la voz y la participación activa de la ciudadanía. Es aquí donde se manifiesta la verdadera esencia de la democracia participativa. La participación ciudadana, lejos de ser un mero formalismo, se presenta como la piedra angular sobre la cual se edifica la legitimidad de las políticas públicas. Es el puente que conecta la visión técnica del administrador con el conocimiento empírico y local de quienes habitan el territorio. En este diálogo fructífero entre gobernantes y gobernados radica la esencia misma de una gestión pública transparente y legítima. No obstante, lamentablemente, nos enfrentamos a una realidad donde la falta de armonía y equilibrio entre los diversos actores obstaculiza el avance hacia un modelo de desarrollo inclusivo y sostenible. La brecha entre la teoría y la práctica se manifiesta de manera palpable en la desconexión entre las prioridades establecidas por los técnicos y políticos, y las necesidades reales de la población. Este divorcio entre la planificación y la ejecución se traduce en un escenario donde los bueyes, en lugar de tirar de la carreta, quedan rezagados detrás de ella, incapaces de alcanzar el destino deseado. Un grave déficit perceptible en nuestros territorios del sur del Ecuador es precisamente la falta de aplicación de los conceptos citados, más aún, cuando nuestros organismos de control dejan pasar o ignoran premeditadamente el embate grotesco de actividades perniciosas a nuestra Pachamama, como el extractivismo …, que se ha afianzado en la Amazonia, pero que también, de una manera paulatina ha ido depredando históricamente los territorios de El Oro y Loja. Ante esta realidad, es imperativo que la administración pública, la planificación y la participación ciudadana se instituyan como guardianes del equilibrio territorial. Es necesario trascender el enfoque miope y cortoplacista para abrazar una visión integral y a largo plazo. Es momento de revertir el crecimiento desmesurado de las urbes y ciudades, y apostar por un desarrollo disruptivo que brinde oportunidades equitativas para todos los habitantes del territorio. Vemos a los ex candidatos ahora convertidos en autoridades, en algunas localidades, en una actitud adormitada, sin atinar a esbozar agendas emergentes en momentos en que la opinión ciudadana desborda de impaciencia, y es que, generalmente presentamos las prioridades particulares de un grupo de técnicos y políticos e intentamos que ellas sean validadas en asambleas que nada tienen de participativas. Sin una hoja de ruta real, válida y realizada de una manera técnica y participativa es imposible que un municipio o una junta parroquial puedan llegar en cuatro años al lugar anhelado por los candidatos que definitivamente se ven impedidos de cumplir las promesas de su plan de gobierno. Por estas razones es necesario que la administración pública, la planificación, la participación ciudadana y los organismos de control sean los custodios del equilibrio de nuestro territorio para generar un modelo de desarrollo disruptivo que permita la aplicación del concepto del buen vivir, preconizado en nuestra constitución y teorizado por nuestros pueblos originarios. La administración pública repetiremos, es el arte de equilibrar visiones estratégicas con la realidad tangible de las comunidades. Es el compromiso de garantizar que las decisiones tomadas hoy no comprometan el bienestar de las generaciones futuras. En última instancia, es la búsqueda constante del equilibrio y la armonía en el tejido mismo de la sociedad.

martes, 30 de enero de 2024

LA OPORTUNIDAD DE LAS ZONAS FRANCAS EN EL ECUADOR DEL 2024

Oportunidades económicas fronterizas y el respeto por el entorno natural (Publicado en Diario El Siglo 8 de enero del 2024) La región transfronteriza del sur del Ecuador y norte del Perú, conocida como Yahuarzongo, ha sido testigo de una historia rica en comercio y fusión cultural entre ambos países. Sin embargo, las disputas bélicas entre las élites centralistas de Quito y Lima han truncado las posibilidades de integración y desarrollo en esta zona, dejando a la región sumida en un letargo económico y social. Hoy, en un contexto diferente, se vislumbra la oportunidad de revivir la vocación comercial de Yahuarzongo mediante la implementación de Zonas Especiales de Desarrollo Económico (ZEDES) y zonas francas, marcando un giro disruptivo en la historia de Macará. El puerto de Paita, en el norte del Perú, fue históricamente el punto de inicio de una travesía terrestre que atravesaba la provincia de Loja, conectándose especialmente con la ciudad de Cuenca en la sierra ecuatoriana. Esta ruta, aunque geográficamente desafiante, ofrecía un acceso estratégico a las laderas de la cordillera de los Andes, convirtiéndose en un callejón propicio para el comercio y la movilización de bienes y personas. Sin embargo, las hostilidades entre Quito y Lima generaron un enfrentamiento bélico que cortó las posibilidades de interacción en esta zona, impactando negativamente en el desarrollo económico y social de ambos países hermanos.
Hoy, en el siglo XXI, la región transfronteriza se presenta como un lienzo en blanco, esperando ser pintado con proyectos innovadores que revitalicen su vocación comercial. Las zonas francas surgen como propuestas modernas que podrían encender nuevamente la llama del intercambio y la movilidad que caracterizó a Yahuarzongo en el pasado. Macará, arraigada en su identidad comercial y turística binacional, se erige como un punto estratégico para la implementación de una zona franca. Sin embargo, este proyecto no puede ser concebido únicamente desde una perspectiva económica, sino que debe abrazar una visión sostenible que respete el entorno natural, cultural y arqueológico de la región. La recientemente aprobada Ley de Eficiencia Económica y Generación de Empleo determina un nuevo régimen de Zonas Francas, que tendrán una tarifa de 0% de Impuesto a la Renta por los cinco primeros años y por el tiempo restante una tarifa de 15% , un trato preferente al empleo juvenil y la implementación simultánea o complementaria de proyectos de energía renovable que en Macará son factibles. Una zona franca con estatus productivo y comercio se ampara además en algunas consideraciones legales que rigen al Ecuador y que estratégicamente se aplican a las provincias fronterizas como la Ley orgánica de Desarrollo Fronterizo (LODF), cuyo objeto según el artículo 1, es el de establecer los mecanismos, crear instrumentos e instituir un orden jurídico temporal para afianzar una cultura de paz y promover el desarrollo socioeconómico en los cantones fronterizos de la República del Ecuador y sus respectivas parroquias rurales, mediante la aplicación de políticas integrales que precautelen la soberanía, los recursos naturales, la biodiversidad, fortalezcan la interculturalidad y buena vecindad y garantice el ejercicio de los derechos de las personas y colectivos de estos territorios (Registro Oficial Nro. 243, año 2008). La clave del éxito radica, además, en evitar el centralismo que opera desde las capitales nacionales y provinciales, proponiendo en su lugar la creación de un clúster comercial que una a las provincias de Loja, El Oro y Zamora, con Macará como punto de inicio. La colectividad rural y urbana de Loja debe asumir un papel protagónico en la priorización e implementación de este clúster, trabajando en conjunto con la administración pública, la empresa privada, instituciones cantonales, gremios y cámaras de comercio y producción. Es momento de romper con las cadenas del pasado y aprovechar las oportunidades que se presentan en el horizonte. La implementación de una zona franca en Macará no solo generará fuentes de empleo, sino que también impulsará el desarrollo integral de la región. La visión disruptiva que proponemos busca ir más allá de los modelos convencionales, integrando la sostenibilidad como pilar fundamental para garantizar que el crecimiento económico no sacrifique el patrimonio natural y cultural de Yahuarzongo. Este equilibrio se convierte por lo tanto en el espíritu de un proyecto que nace desde la frontera hacia el centro y que deberá crecer de una manera centrípeta focalizando sus beneficios económicos en los pueblos fronterizos, tan sacrificados por la guerra. La colaboración entre sectores clave de la sociedad, junto con el respaldo de la administración pública y la iniciativa privada, puede transformar esta propuesta en una realidad palpable. La historia de Yahuarzongo está marcada por desafíos, pero también por resiliencia y la capacidad de adaptarse a nuevas circunstancias. Es hora de escribir un nuevo capítulo en el libro de esta región, donde el desarrollo sostenible y la prosperidad sean los protagonistas de una historia que resuene en toda América Latina.

martes, 19 de diciembre de 2023

EL CAMBIO CLIMÁTICO Y EL CLIMA DE CAMBIO

Los pueblos Paltas, denominados así a la unidad de culturas originarias de lo que hoy conocemos como la provincia de Loja, han sido reconocidos por su capacidad de armonizar una agricultura respetuosa con las condiciones climáticas y orográficas de la región produciendo una variedad de cultivos impresionante, quienes además realmente anticiparon muchos acontecimientos climáticos de la región y de manera específica la ciclicidad de los fenómenos costeros, hoy denominados fenómenos del niño o la niña. No nos deja de sorprender la precisión de sus calendarios astronómicos, así como la sabiduría de la que hicieron gala para generar sistemas agrícolas en diferentes pisos climáticos y altitudinales. Un aspecto simbólico de esta cultura es el concepto de "sembrar agua" cuya aplicación contemporánea ha develado grandes posibilidades de desarrollo territorial en un ámbito especialmente complejo y preponderante como la agricultura, en dicha actividad se encargaban en antaño, de cuidar el agua de vertientes subterráneas, generar reservorios y evitar que sus lagunas o “cochas” se cequen prematuramente. Estos reservorios eran fundamentales para disponer del agua necesaria durante el verano, garantizando así la sostenibilidad de su agricultura. Sin embargo, con el paso de los años, este conocimiento se ha ido perdiendo y solo unos pocos abuelos y agricultores interesados le dan la importancia que merece. Hoy en día, enfrentamos un escenario crítico de calentamiento global y estamos presenciando la llegada inminente del fenómeno del niño, que trae consigo diferencias de temperatura significativas, por lo tanto, sequia o inundaciones con extremismos irónicos, pues bien sabido es que cuando hay más lluvia, hay menos agua para beber en las ciudades. Estas condiciones adversas también están afectando ya a los cantones lojanos, generando pérdidas considerables. Es por ello que se hace necesario recurrir a la tecnología y la agricultura de precisión, así como aprovechar la investigación y desarrollo (I+D) generado por la academia, las instituciones gubernamentales y no gubernamentales, además de los centros de investigación para cambiar los paradigmas de producción, pues esta situación tendencial genera retos complejos a asumir, relacionados con una forma de vida respetuosa del medio ambiente y precaución en emplazamientos y lógicas de trabajo de las tierras agrícola. Esta colaboración puede brindar soluciones efectivas a los productores y empresas de alimentos en nuestra región, y ya ha demostrado ser eficiente en otras realidades, pues las políticas públicas se enfocan en precautelar la provisión propia de alimentos sanos y promueven la identificación de mercados y encadenamientos productivos locales y globales. En el ámbito de la ingeniería civil, la gestión de riesgos y la prevención de desbordamientos de los ríos son prioridades. Sin embargo, es importante trascender estas medidas inmediatistas y adoptar un enfoque permanente de trabajo relacionado con la reforestación de especies endémicas y la promoción de una agricultura sostenible. Es fundamental buscar la articulación de cadenas agroindustriales que conecten lo local con una estrategia nacional, permitiendo así darle el debido valor al área rural, generando y recuperando incentivos a zonas como la nuestra, con una economía deprimida generada por décadas de postergación internas y externas como el conflicto bélico con el Perú. Encontrar el equilibrio entre la modernidad y los conocimientos ancestrales es esencial para el futuro de nuestras tierras frágiles y únicas, especialmente considerando sus características singulares de menor altitud en la región andina, de transición hacia las playas de Piura, de potencial de generación energética verde. Esta visión optimista nos insta a valorar y preservar las prácticas agrícolas ancestrales de los pueblos Paltas, fomentando la sostenibilidad y la conservación del medio ambiente. La planificación entonces agregará a una agenda de actuación en el tema, algunos componentes inclusive contradictorios como la ampliación de la frontera agrícola y la conservación de nuestros recursos, los cuales son un ingrediente especialmente importante ante la identificación internacional de nuestro país mega diverso, siendo esta característica una capacidad diferenciadora primordial para producir alimentos sostenibles y saludables, además de recuperar algunos cultivos andinos que se los ha catalogado como “super alimentos”, no en vano estamos convencidos fueron parte de la dieta pre hispánica, en cuyo caso además se garantizó la soberanía alimentaria que hoy añoramos. Nos vemos entonces en un escenario estratégico que promueva todo tipo de equilibrio, preservar las tradiciones ancestrales es esencial para garantizar un futuro sostenible y resiliente en un contexto de cambios climáticos globales, pero además generar líneas de investigación y trasferencia de tecnologías alternativas. La combinación de tecnología y sabiduría ancestral es la clave para enfrentar los desafíos actuales y dejar un legado positivo para las generaciones venideras. https://www.facebook.com/profile/100091142392105/search/?q=EL%20CAMBIO%20CLIM%C3%81TICO%20Y%20EL%20CLIMA%20DE%20CAMBIO

miércoles, 13 de diciembre de 2023

REPENSANDO LA RURALIDAD COMO MOTOR DE CAMBIO

La demografía ecuatoriana está experimentando un rápido y profundo cambio. La migración del campo a la ciudad se ha convertido en una tendencia innegable, y sus implicaciones en la sociedad son evidentes. Es crucial que en nuestras estrategias sociales y planificación territorial reconozcamos esta transformación y trabajemos para revertirla o al menos mitigarla. La pandemia de la COVID-19 nos ha enseñado muchas lecciones, una de las más importantes es que los seres humanos necesitan adecuadas conexiones con la naturaleza para tener un hábitat adecuado y efectivizar el Sumak Kawsay o vida plena. En un mundo donde el espacio es un recurso cada vez más escaso, es una utopía generar estrategias globales de ampliación en los índices de habitabilidad, sin embargo, esta oportunidad en Loja puede ser un factor de resiliencia pertinente para revertir este vaciamiento grotesco que está modificando nuestra ruralidad. EL campo lojano será concebido no solo como un área para el desarrollo de una agroindustria diferente fundamentada en el gran capital humano creativo de sus hijos, sino como un hábitat rural con un paradigma diferente. Conceptos como la Permacultura, la vida saludable y la agricultura sostenible basada en la recuperación de saberes ancestrales de nuestros pueblos pueden y deben ser fundamentales en la transformación de nuestras zonas rurales. Estos enfoques no solo enriquecen nuestro patrimonio cultural y turístico, sino que también ofrecen soluciones concretas para el cambio en la matriz productiva de regiones como Loja. Es imperativo enamorar del campo a los niños y jóvenes lojanos, además promoviendo oportunidades e incentivos para se queden en nuestros campos y se involucren en la producción de una agricultura más sostenible, con un enfoque en el valor agregado. Una visión integral del desarrollo además determina un rol estatal decisivo relacionado con la infraestructura necesaria para realizar este cambio. El éxodo rural es una tendencia que ha afectado no solo a Ecuador, sino a muchas partes del mundo. Las oportunidades económicas y la promesa de una vida más cómoda en las ciudades han atraído a innumerables personas de las áreas rurales. Sin embargo, este fenómeno tiene un alto costo en términos de la degradación del ambiente, la pérdida de tradiciones culturales y la fragmentación de las comunidades. Es hora de que consideremos seriamente la inversión en la revitalización de nuestras zonas rurales como un motor de cambio positivo. Hoy por hoy efectivamente es difícil conseguir mano de obra agrícola en nuestros pueblos pintorescos pero envejecidos por soledad, sin embargo el centralismo de ámbito provincial o nacional ignora deliberadamente esta realidad. Repensar la ruralidad no solo se trata de encontrar soluciones económicas, sino de reevaluar nuestra relación con la naturaleza y con nosotros mismos. En este caso además, es innegable que nuestra estratégica situación fronteriza con el norte del Perú, viene a ser una oportunidad adicional en este enfoque de integración, intercambio y complementariedad, la cual debe ser aprovechada de manera asertiva y disruptiva. La vida saludable es otro componente clave de la repensada ruralidad. En un mundo donde las enfermedades relacionadas con el estrés, la dieta poco saludable y la falta de actividad física son cada vez más comunes, el entorno rural ofrece un ambiente propicio para una vida más equilibrada. Espacios abiertos, alimentos frescos y la oportunidad de vivir de manera más simple y consciente son atributos que atraen a quienes buscan una vida más saludable. La agricultura sostenible, basada en la recuperación de saberes ancestrales, puede ser una fuente de riqueza y bienestar para las comunidades rurales. La combinación de técnicas modernas y conocimientos tradicionales puede llevar a una agricultura más respetuosa con el medio ambiente y más productiva. Además, el énfasis en la diversificación de cultivos y la producción de alimentos de calidad puede abrir nuevas oportunidades de mercado y aumentar los ingresos de los agricultores locales. La provincia de Loja y otras regiones rurales de Ecuador tienen un gran potencial para implementar estos enfoques y transformar sus economías y comunidades. Es esencial que las autoridades y la sociedad en su conjunto se unan en un esfuerzo concertado para repensar la ruralidad y brindar el apoyo necesario para que estos cambios se hagan realidad. Para que este cambio sea efectivo, debemos ofrecer incentivos atractivos para que los jóvenes se queden en el campo. Esto implica no solo la creación de oportunidades económicas, sino también la promoción de un estilo de vida rural que sea atractivo y significativo. Esto podría incluir el acceso a la tierra, la capacitación en prácticas agrícolas sostenibles y el apoyo a proyectos comunitarios. Pero además no es una tarea imposible, pues es bien sabido que cada uno de los cantones de Loja ha apadrinado la generación de una identidad robusta y libre de prejuicios que, así como en su música, en sus notables letras nos remite a narrativas plurales de estas tierras y de estos seres.

martes, 28 de noviembre de 2023

La realidad de Loja se fundamenta en las falacias y sus legiones.

Nuestro lector, probablemente esté revisando estas líneas con un dispositivo móvil en la mano, esa es la forma contemporánea con la cual nos enteramos de los sucesos cotidianos, deslizando el pulgar sobre la pantalla para navegar a través de los interminables océanos de información que las redes sociales ofrecen. ¿Te has parado a pensar alguna vez en la locura que esto se ha vuelto? Umberto Eco, ese filósofo con barba y libros densos que la mayoría nunca ha leído, lo dijo bien claro: “las redes sociales les dan espacio a legiones de idiotas". En teoría, vivimos en una era en la que cualquiera puede expresar su punto de vista. Pero, ¿sabes qué? Esa libertad se ha vuelto más como una maldición que como un don. Las redes sociales, ese espacio donde cualquiera puede hacerse llamar "influencer", son como una jungla de falacias y bulos donde lo más absurdo se vuelve tendencia. Todo esto, mientras la calidad del periodismo tradicional, ese que se supone que debería ayudarnos a distinguir entre la verdad y la mentira, se desprestigia y contamina alejándose del concepto de objetividad editorial. Miremos a nuestro singular país, ese rincón del mundo donde todo parece volverse aún más exagerado. Los influencers, esos "gurús" que nos venden sueños de vida perfecta desde sus prefabricados escenarios, han tomado el control de nuestras cabezas. Nos hacen creer que sus opiniones subjetivas son un arquetipo válido, mientras que la realidad que muchos enfrentan en nuestra provincia se distorsiona y se presenta de forma sesgada. Las últimas elecciones son un ejemplo perfecto. En lugar de considerarlas como una oportunidad para discutir ideas y soluciones para nuestros problemas, parece que todos están más interesados en conseguir un puestito en la administración pública, ya sea por contactos políticos o maquinaciones pre electorales variopintas. No hay diálogo ni consenso real para impulsar a nuestra provincia y país hacia adelante, pero si hemos acostumbrado nuestra discusión a temas tales como el color de zapatitos, al muñequito de cartón o al bailecito de Tiktok, genialidades de la mercadotecnia política que consiguen votos legionarios y postergan debates necesarios. Tenemos un capital humano increíble en Loja, del cual poco se habla en la opinión pública, con certeza como frutos de la doblemente universitaria capital cultural del Ecuador; personas con la capacidad y la voluntad de llevar a cabo nuevos proyectos y promover trasferencia de tecnología, investigación y el desarrollo, una agenda cultural vanguardista y el posicionamiento de nuestra macro región binacional como un paradigma alternativo de desarrollo. Sin embargo, estos talentos se desperdician, ya que nuestras prioridades se centran en otra parte, en lógicas macabras clientelares y superficialidades grotescas. Por ejemplo, no se habla de nuestro potencial territorial en la generación de energías limpias, a pesar de estar posicionados como tal en publicaciones especializadas, listos para convertirnos en un líder en la generación de energía fotovoltaica, eólica e hidroeléctrica regional, el país se desangra en el retorno a los apagones de antaño. Cambio de modelo, ¡eso es lo que necesitamos! Dejemos atrás ese modelo extractivista arcaico y demos la bienvenida a un enfoque basado en la ruralidad, agroindustria sostenible, la conservación de nuestros recursos naturales, el patrimonio y el turismo como cualidad ancestral. Estos son los verdaderos pilares del desarrollo de nuestra provincia. Entonces, ¿por qué los mismos discursos gastados siguen resonando en los medios de comunicación locales? Vemos sin inmutarnos varios influencers criollos además desfilando en los medios de comunicación locales, los cuales repiten una y otra vez las mismas percepciones vacuas y subjetivas. ¿Y si, en lugar de eso, comenzáramos a escuchar a la opinión pública, a las voces que realmente importan? ¿Qué tal si buscamos un equilibrio que permita el desarrollo real de nuestro territorio, en lugar de seguir el guion preestablecido atávico? Nuestra realidad nacional necesita en estos momentos un gran acuerdo de gobernabilidad, sí, pero también requiere transparencia y civismo en los medios de comunicación. Necesita una desintoxicación de las organizaciones políticas que le quedan debiendo a la democracia, por su permeabilidad al mismo síndrome de vacuidad e influencers que encumbran autoridades sin trayectoria ni representatividad. El presidente y asamblea electos, si bien cuentan con un período de gobierno corto, deberían simultáneamente luchar contra la violencia estructural del estado fundamentados en la consecución de indicadores sociales adecuados y migrando el modelo productivo hacia un nuevo escenario que genere riqueza de manera sostenible. Solo entonces podremos avanzar hacia un estado de bienestar para nuestros territorios, fundamentado en un equilibrio entre la naturaleza y la producción, entre los ancestros y la globalización, entre el civismo y la integración, entre lo urbano y lo rural; para conseguir aquello, el rol de la prensa es un retorno a sus postulados originarios. Idealicemos nuestra actuación precisamente como guardianes de ese equilibrio.